Desde aquí veo tu respiración y escucho tus ojos. El tiempo que tú usas aquí no existe, por eso sé de ti. La soledad descarna las cuencas de mis ojos. El vacío hace estallar mi gaganta. Está oscuro. Sólo hay negrura entre mis dedos. Pero no tengo dedos. No hay salida. Quedaron clausuradas las entradas. ¿Qué puerta tomar? No hay puerta ni cuerpo. No hay llaves. Sin luz. Sin cuerpo. Pero sé de tus latidos: sé de ti. Te veo sin mis ojos y te escucho pensar. Retumbas aquí, en este no mundo. Sólo ves de mí un hueco vacío, un silencio extremo que te llama a gritos sin que sepas dónde se rompe mi garganta. Te observo. Estoy aquí, a tu lado. Si miras quizá veas mi rastro extraño. Pero no busques formas conocidas: no hay fuerza suficiente. Sólo soy un halo. Quizá nunca me veas.

Ahora puedes preguntar.